jueves, 19 de agosto de 2010


Respirando… paradójicamente después de un tiempo… (PARTE III)

La peor de las sensaciones, y sí que las he sentido todas, es ese estado narcotizado que te mantiene con vida, pero te roba días; un juego lúgubre entre lo real y lo ilusorio, un sentir que no sientes, un saber que no sabes, un creer que sientes y sabes.

Una realidad tan palpable que no puedas tocarla, ni mirarla, ni entenderla. La tentación está ahí, escribir cuando el corazón siente tanto que se vuelve insensible, cuando una patada de caballo en plena cara, duele menos que la presión en el pecho, cuando el oxigeno, se convierte en cianuro y calcina mis pulmones.

¿Por qué escribir, solo cuando las espinas tocan mi cara, mis pies? cuando se clavan en mis venas hasta llegar y reventar mi corazón?, ¿qué pasa con los momentos de intensa felicidad, no alegría, felicidad!!!, pura, sencilla, completa? ¿Qué pasa con los días buenos? ¿A dónde van? ¿Por qué no llenar esta página de palabras sanas, limpias, valientes, quizás hasta curadas… rehabilitadas?

¿Dónde van los días buenos? ¿Las sonrisas? ¿Los besos? ¿Los días cargados de felicidad? ¿El amor? ¿La paz? ¿La tranquilidad?, ¿por qué se esconden? ¿Por qué no acariciar con letras estos sentimientos, si todo es tan real? Dejarlos ir para poder escribir, no sería justo después de haber pasado por tantos cristales rotos.

Solo escribir cuando las sonrisas son un lujo muy caro que no puedo costear, cuando duele, cuando el corazón se tambalea, agoniza y casi muere, y solo puedo servirle de tumba inerte y precipitada, mientras otras emociones, lo llevan de urgencia a la unidad de cuidados intensivos, donde lo alimentan con palabras, fuertes, hirientes, efusivas, protectoras.

Y le devuelven la vida a sorbos de párrafos y paginas, que se van formando hasta perfeccionar la dosis exacta de letras enlazadas, para sanar sus heridas y regresarle la vida, aunque sea solo por unas cuantas horas; ya con vida, respirando, las palabras se hacen innecesarias, la tranquilidad camina en puntillas, tratando de no golpear demasiado el suelo y suplica a susurros, al oído de cada emoción, una petición de inactividad, evitar cualquier movimiento inadvertido que desencadene otra odisea.

Hoy, las aguas han bajado, mis pulmones no se desesperan al respirar, mis labios no tienen sed, aunque tiemblan en ocasiones, recordando un pasado que todavía se asoma y me toca la espalda.

Pero hoy, todo está en orden, con vida, respirando, sonriendo, sintiendo, caminando, corriendo, y aun así, me hacen falta emociones, para pararme frente a una simple hoja y escribir la paz que inexplicablemente, hoy siento.

Quizás, un quizás que por un momento me ha enamorado el corazón, un quizás que huele a verde, que sabe a sinrazones… quizás, dedicarle algunas páginas a otro estilo de sentimiento, prosa y tiempo.

02.12.08

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